February 22, 2010
by Padre Hector
Nuestra fe Cristiana nos enseña que somos personas resucitadas. Nuestra esperanza eterna como embajadores de Jesucristo nos recuerda que la muerte ha sido vencida. Somos siempre personas de Pascua, de una tumba vacía. Nueva vida irradia de nuestros cuerpos espirituales.
Por eso es difícil ver a nuestras estatuas cubiertas con negro y morado. Es un recordatorio palpable de que todavía vivimos con un ‘toque de tristeza’ en nuestras vidas. El no poder ver los símbolos de oración como deben ser vistos me hace recordar cómo los momentos de dolor nos desfiguran y nos lesionan interiormente, causando que ni nosotros ni los demás nos puedan ver como debemos ser vistos. (como seres maravillosa y asombrosamente creados en la imagen de Dios ).
Aquellos velos negros me recuerdan a los toques de tristeza en nuestras vidas. Son los momentos de dolor que nos envuelven y que no nos dejan ver la luz de la resurrección. Momentos de tristeza: la muerte de seres queridos, el divorcio, hijos o familiares que se han alejado de Dios, la pérdida de un trabajo, suicidios, discusiones familiares en todo asunto desde como compartir hasta como ponerse de acuerdo, distanciamiento en las familias, enfermedades incurables, la viudez y la soledad que causa, y la violencia dentro de nuestros propios corazones Cristianos (?).
La Cuaresma, sin embargo, es un diálogo con Dios. Le decimos al Señor que somos personas pecadoras, y Él nos dice que nacimos del amor de una cruz. Tiernamente nos enseña que estamos llamados (sin opción) a examinar profundamente esos velos de dolor y amarlos hasta la resurrección. ¿Cómo? Cuaresma: oración, ayuno, y caridad. A medida que profundicemos en estas áreas de Su deseo, uno por uno se caerán esos velos de dolor, las piedras sobre nuestras tumbas se removerán, la luz de la resurrección brillará, y la oscuridad no la habrá vencido. Un toque de tristeza; un desborde de alegría.
